Reflexión sobre la Paz. Mina San Miguel

Me hallo en plena noche en un lugar que, hace mucho tiempo, estaba repleto de vida y ahora se erige en ruinas y soledad. Se trata de la Mina San Miguel, situada en una sierra de suaves ondulaciones atravesada por la rivera de Escalada –afluente del Odiel- al norte del Andévalo y al sur de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche (Huelva). El mineral se colocó como premisa para instalar la vida de quienes la trabajaron sin descanso. He decidido hacer la noche en este sitio con mi cuaderno y mi lápiz y escribir unas letras sobre la Paz.
¿Qué es la Paz? Aquí se encuentra, se percibe, se inhala, te inunda. Más allá, el mundo mantiene una tensión desmesurada entre hombres que anhelan recursos, bienes materiales y religiones que justifican lo injustificable. Aquí se paró el tiempo, y lo que hoy se me antoja como Paz, fue un centro de furiosa actividad industrial.
Se apaga el día, se presenta la noche y el sendero que me trajo se desdibuja como una acuarela acuosa, se pierde la sombra y apenas distingo los perfiles de la arboleda. Mis letras comienzan a ejecutarse y la luz que me acompaña sólo enfoca mi cuaderno. Va mermando su contorno y, el extenso campo de visión, se contrae en un diminuto cuadrado donde sólo cabe mi pequeña hoja en blanco.
¿Qué es la Paz? En este reparto de los tiempos, la Paz no cae en ninguna parte del globo. El orbe que nos contiene se manifiesta árido en humanidades y decrece el sentido primigenio de la vida. Me preocupa que este espacio que llamamos “mundo” no haya sido suficiente para albergarnos.
Llego hasta este punto de mi escrito.
Respiro fuerte tratando de retener todos los aromas que despertó una lluvia ligera enfriando mis manos. Hace un rato, aún con luz, pasee por las casas en ruinas tratando de recomponer los lugares: la iglesia, el colegio, las oficinas y las viviendas de obreros y directivos. Durante la caminata, se empujaron los pensamientos hilándose con premura para dar salida a preguntas agolpadas, ¿qué sintieron en la noche los hombres y mujeres de este lugar? Sólo tengo una dirección: nos preguntamos por lo que no podemos ver.
¿Qué es la Paz? (Continuo mi reflexión) Un periodo entre guerras, una experiencia placentera; breve, concisa, presente en determinados encuentros, efímera, caprichosa -me detengo-, y no sé qué más. Pero hoy, en esta noche, la Paz está aquí.
Comienza mi evasión mental, nuevamente. ¿Mirarán hacia el cielo los hombres de la guerra? Encima de mi cabeza aparece un manto de estrellas, las mismas que alumbraron a otros hombres y que hoy no miraran hacia arriba para verlas, y algunas caen muy rápido. Se precipitan sobre el horizonte huyendo de algún dios enojado. Una noche así me permite viajar ¡Qué grandeza!
¿Qué es la Paz? Antes de seguir -reparo espontáneamente- en que aún no encontré el cementerio, y eso que debieron fallecer personas en este lugar. Me pregunto ¿dónde se encuentran sus cuerpos? He decidido que, mañana con la luz del día, miraré más detenidamente el poblado.
Preparas la cena. Trato de concentrarme en la pregunta que inició este escrito, pero no puedo dejar de observar tus movimientos tan pausados que parece que vas a detenerte. Mi perro vigila el espacio: su mirada y olfato indican todas las direcciones en esta oscuridad acompañante.
Mañana cuando despierte seguiré preguntándome ¿qué es la Paz?
Esta noche está aquí, con nosotros, amor.

Patricia Chapela Cabrera.

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